viernes, 30 de septiembre de 2011

El siervo infiel

Un siervo debía a un Rey
diez mil denarios, no menos,
que era, según los exégetas,
un pastón en aquel tiempo.
(Cómo acumuló tal deuda
no lo aclara el Evangelio).
El Rey le mandó llamar
y le espetó muy severo:
"¿Cuándo me vas apagar?
La paciencia estoy perdiendo;
pasan y pasan los años
y no devuelves ni un céntimo;
voy a embargarte la casa,
campo, ganado y aperos
y te venderé en subasta
con tu esposa, hijos y yernos,
para cobrarme la deuda
y que sirva de escarmiento".
El siervo se echó a sus pies 
y le imploraba gimiendo :
"Espera un poco, gran Rey,
dame un poco más de tiempo;
todo te  lo pagaré
te lo juro por mis muertos;
las cosas me han ido mal,
la sequía ajó mis predios,
le entró el mildiú a mis viñas
y a mis ganados el muermo.
Señor, ten piedad de mí,
ten piedad de un pobre siervo".
Aquel Rey -que no tenía
espíritu de banquero-
conmovido por las súplicas
 y los llantos del labriego  
"Alzate" le dijo afable
"basta ya de lloriqueos,
la deuda te la perdona
no me debes ni un sextercio;
qué más da; después de todo
a mí me sobra el dinero".
Salió el siervo del palacio
dando saltos de contento
y en la calle se topó
con un pobre jornalero,
como él, siervo de la gleba,
que le debía un dinero,
una cantidad de nada
cien denarios, más o menos.
Nada más que le hubo visto
abalanzósele al cuello
y le gritaba "! o me pagas
o aquí mismo te degüello"¡
El otro le suplicaba
"suéltame" lo que adeudo
te lo pagaré mañana;
cobrarás; te lo prometo".
Pero el siervo, enfurecido,
tan robusto cual violento,
le propinó tal paliza
que lo dejó medio muerto.
Llegó a oídos del monarca
el lamentable suceso
y al siervo ruin y felón
mandó llamarlo de nuevo.
"Ahora verás", gritó el Rey,
vas a saber lo que es bueno :
en la cárcel de por vida
vas a parar con tus huesos,
por no saber absolver
después de haber sido absuelto". 

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